domingo, 25 de junio de 2017

La corte del Regente Espartero en Albacete en 1843


Espartero por Antonio María Esquivel.
Hubo un momento fugaz en la agitada historia española del siglo XIX en que Albacete fue transitoria corte del Regente del reino. Así, en efecto, durante trece días de los meses de junio y julio de 1843, se instaló en Albacete, el cuartel general del regente Baldomero Espartero, junto con un séquito de unos 6.000 soldados, tras haber abandonado Madrid en su propósito de sofocar los múltiples puntos de pronunciamiento moderado contra su gobierno.

En su Episodio nacional “Bodas reales” (1900), Benito Pérez Galdós se refiere a esta desconocida estancia de Espartero en nuestra ciudad en los últimos compases de su regencia. En la línea de los historiadores liberales de la segunda mitad del XIX, para el gran novelista, estos días de quietud del Regente en mitad de un efervescente conflicto nacional habrían de merecer un negativo juicio: “Salió el hombre [Espartero], tomando la vuelta de Albacete, donde se paró en firme, con aquella pachorra fatalista que en otros tiempos había sido la pausa precursora de sus grandes éxitos y ya era como la calma lúgubre que antecede a las tempestades. (...) En su parada fatalista de Albacete, Espartero padeció la mayor equivocación de su vida”. [1]
 
En el presente artículo, nos proponemos esclarecer las circunstancias aludidas por Galdós en este Episodio nacional, a la luz de los datos procedentes de la prensa de la época y la historiografía decimonónica posterior, con especial atención a la obra de tres notables historiadores de estirpe liberal, cuales son José Segundo Florez, [2] Antonio Pirala [3] y Manuel Marliani. [4]

Duquesa de la Victoria por José de Madrazo, 1842.
1.- MOTIVOS DE LA MARCHA DEL REGENTE. Según opinión general de los citados historiadores, la salida de Madrid del Regente al frente de una  considerable expedición militar no obedecía, principalmente, a un plan de operaciones bélicas para combatir a los sublevados de Valencia y Barcelona. La verdadera causa, al parecer, se debió a una maniobra de dispersión de tropas a fin de evitar un enfrentamiento entre la fiel Milicia Nacional de Madrid y las tropas expedicionarias, de dudosa lealtad a Espartero. El historiador Pirala expone esta cuestión con las siguientes palabras: “La marcha del regente fue también para llevarse las tropas que había en Madrid, e impedir un choque con la milicia que hubiera producido un grave conflicto y mucha sangre, y no quería el regente que se derramara una gota de la de aquellos nacionales que tantas pruebas de verdadero afecto le daban, y a quienes tanto consideraba”.  

Isabel II de niña hacia 1840.
2.- COMPOSICIÓN DE LA DIVISIÓN EXPEDICIONARIA. Según el biógrafo Segundo Florez, el Regente partió de Madrid con la siguiente comitiva: “Acompañaban al Conde-Duque en su expedición los ministros de la Gobernación de la Península y de la Guerra, el inspector Linage y un Estado Mayor brillante. Seguíanle algunas tropas de todas armas”. De esta forma, las principales figuras políticas de la expedición serían Agustín Nogueras (Ministro de la Guerra), Pedro Gómez de la Serna (Ministro de la Gobernación de la Península) y Francisco Linage (inspector general de milicias y persona de confianza de Espartero). 

Según estimaciones del historiador Marliani, las fuerzas expedicionarias estarían compuestas por unos 5.885 soldados, agrupados en cuatro regimientos de infantería y el regimiento de caballería “Húsares de la Princesa”. A juicio del mismo autor, se trataría de un ejército formado por “tropas medio insurreccionadas, o a lo menos llevando en sí los elementos de la sedición”.  

Espartero con Isabel II en 1842.
3.- INCIDENTE EN LA RODA. En consonancia con el advertido escaso entusiasmo de este contingente militar, la marcha desde Madrid estaría salpicada de continuas manifestaciones de descontento a lo largo de la ruta. En Ocaña, Corral de Almaguer, Mota del Cuervo, El Provencio, etc. se produjeron episodios de indisciplina, como el ocurrido en La Roda, que narra Pirala en los siguientes términos: “Supo el regente que entre los equipajes de algunos oficiales se hallarían las pruebas de su connivencia con la insurrección, y mandó que al llegar a La Roda, pueblo muy liberal, se registrasen aquello y se castigara con arreglo a ordenanza a los delincuentes; pero el ministro de la Guerra, Nogueras, encargado del cumplimiento de esta orden, más bien por generosidad que por debilidad, no usada esta nunca en aquel general siempre decidido, omitió el registro y se contentó con separar a algunos oficiales, dándoles pasaporte para Madrid”.
 
Espartero a la entrada de Vergara.
4.- ENTRADA DE ESPARTERO EN ALBACETE. La llegada de Espartero a Albacete no estuvo tampoco exenta para el Regente de ciertas dificultades ya que nuestra ciudad se había sumado a la oleada de pronunciamientos moderados el día 12 de junio. Así, en la víspera de la entrada de Espartero en la capital albaceteña, el diario moderado “El Católico” de Madrid informaba acerca de la frustrada gestión de un batallón enviado de vanguardia para rendir la plaza: “En el día de hoy ha llegado el duque de la Victoria á la Roda de donde es probable no salga tan pronto como pensaba, pues se han recibido fatales nuevas en el cuartel general. Un batallón que mandaron de vanguardia para explorar el estado de esta ciudad [Albacete] ha entrado en conferencia con nuestra junta y unídose al fin al pronunciamiento. Este batallón ha salido con destino á Valencia, quedando en ésta [Albacete] cuatro compañías y la Milicia Nacional, cuyas fuerzas con la junta se han dirigido en este día á las Peñas de San Pedro y castillo de Chinchilla”. [5]

A las puertas de Albacete, por lo tanto, veía el Regente cómo un escuadrón de su comitiva se pasaba al bando moderado, a la vez que la junta y la tropa pronunciadas en Albacete, lejos de rendirse o sumarse al ejército de Espartero, se retiraban a los cercanos fuertes de Chinchilla y Peñas de San Pedro. 

Entrada de Espartero en Bilbao.
No obstante, el Regente entraba al día siguiente, 25 de junio, en Albacete, acompañado de las autoridades de la ciudad anteriores al pronunciamiento, que habían huido de la capital y salido en busca de su socorro en La Roda. La entrada en nuestra ciudad no debió ser muy gloriosa si juzgamos por las crónicas publicadas en la prensa moderada de la época: “Albacete 25 de junio. Son las once de la mañana y acaba de entrar en esta ciudad el duque de la Victoria, en un coche-diligencia, precedido de cuatro batidores y seguido de una mitad de caballería: no puedo asegurar á Vds. quienes le acompañaban porque S. A. no se ha detenido un momento, y solo he podido ver al señor [Venancio] Gurrea. Se ha hospedado en la casa del señor [José]  Alfaro [Sandoval], sugeto muy adicto al Regente, y que ya otra vez le ha tenido en su morada. En el tránsito desde la puerta de la población hasta la casa no se ha oído más que un solo viva, contestado por algunas de las pocas personas que han ido a ver la entrada triunfal del Pacificador. Después S. A. no se ha dejado ver en el balcón como otras veces, sin duda por no sufrir el desaire que le hubieran hecho los que en otras ocasiones le victoreaban”. [6]

Suponemos que “la casa del señor Alfaro” donde se hospedó el Regente debe tratarse del domicilio del político liberal albaceteño José Alfaro Sandoval (1802-1865), sito en la calle Feria, número 3, el mismo caserón en donde había nacido el Marqués de Molins en 1812. 

Retrato de José Alfaro Sandoval.
La cruda descripción de la desairada entrada de espartero en nuestra ciudad contrasta con la voluntariosa versión oficial del mismo suceso, ofrecida en “La Gaceta” de Madrid el 27 de junio: “A las diez y media de esta mañana llegó S. A. el Regente del Reino á esta capital [Albacete], en la que fue recibido con el mayor entusiasmo por el pueblo y Milicia nacional, desmintiendo de este modo la idea equivocada que pudo formarse del buen espíritu de la población por los últimos acontecimientos que tuvieron lugar el 12 [de junio] del corriente. La despedida de La Roda y el tránsito por La Gineta fueron, como era de esperar, en extremo interesantes. Ambas poblaciones, sin distinción de clases ni de sexos, agrupadas á la inmediación de S. A., y sin dejarle apenas transitar, con millares de vivas y aclamaciones bendecían su nombre, apellidándole el padre del pueblo, el defensor de las libertades españolas y el conquistador de la paz”. [7]
 
Desde luego, a la vista de cuadros tan dispares, no cabe menos que concluir que la guerra propagandística era un arma bien engrasada en la España del siglo XIX.

Bandera de la Milicia Nacional de Albacete de 1841.
5.- DISOLUCIÓN DE LA MILICIA DE ALBACETE. Los autores decimonónicos consultados consignan, al unísono, las medidas represivas que Espartero aplicó con los sublevados de Albacete, acción, a juicio de estos cronistas, muy alejada de las grandes resoluciones que la situación requería. El biógrafo Florez calificaría estas medidas como “ofensa a la Milicia nacional de Albacete”, tras narrar estos sucesos en los términos siguientes: “Habíase pronunciado esta capital [Albacete] el 13 [de junio] al saber lo de Valencia; y si bien no había imitado a los insurrectos de esta ciudad, ni en los crímenes, ni en las exigencias reaccionarias, puesto que los de Albacete invocaban la Regencia de Espartero hasta el 10 de octubre de 44, un decreto impolítico del 27 declaraba disuelta y desarmada su Milicia, cerrando aquí ya el Regente o su gobierno, en este primer paso, todo camino a la conciliación entre los liberales pronunciados y no pronunciados”

Espartero con uniforme de coronel de caballería.
Según el unánime parecer de estos historiadores, lejos de negociar una solución moderada con los sublevados en Albacete, el Regente disolvió y desarmó a la Milicia Nacional de nuestra ciudad el día 27 de junio, mostrando una grave falta de tacto con una ciudad que se había sublevado sin violencia y con aceptación de su regencia hasta que la reina Isabel II cumpliera los 14 años, el 10 de octubre de 1844, según el plazo previsto por la Constitución vigente de 1837. [8]

En la misma línea de subrayar la torpeza del Regente, en los primeros días de julio de 1843 la prensa moderada de Madrid daba noticias alarmantes sobre el malestar de la población albaceteña: “Se hacen muchas prisiones en Albacete y muchas destituciones, y se abren  muchas causas. Las familias más respetables emigran y hay un descontento inexplicable”. [9]

Toma del Castillo de Aliaga por el General O'Donnell en 1840.
6.- ESCARAMUZAS BÉLICAS EN TORNO A ALBACETE. En los días en que las tropas de Espartero estuvieron detenidas en Albacete, hubieron de aliviar su inacción con hechos bélicos de escasa relevancia, tales como rendir la compañía sublevada que guarnecía el castillo de Chinchilla: “Según comunicación del señor ministro de la guerra desde Albacete con fecha 27, (...) se dice que el día anterior se había sometido sin condición ninguna la guarnición del castillo de Chinchilla, que constaba de un capitán, dos tenientes, dos subtenientes, y cincuenta y dos individuos de tropa del provincial de Castellón, y un cabo de artillería”. [10]

Espartero a caballo.
En cambio, todo intento de intimar la rendición a las fuerzas sublevadas en el castillo de Peñas de San Pedro resultó infructuoso, dado que siempre era rechazado con arrogancia. En cierta ocasión, incluso, la negativa además de contundente resultaba amenazadora: “El castillo de las Peñas de San Pedro sigue por los pronunciados, y el comandante de él ha contestado que si le mandan otro parte para que se rinda, fusilará á su conductor”. [11]

Una importante preocupación del cuartel general de Espartero sería ocultar a sus propias tropas de Albacete las verdaderas noticias sobre los retrocesos militares de los generales fieles Martín Zurbano y Antonio Seoane. El historiador Marliani refiere estas precauciones de la siguiente manera: “Cada día traía nuevos desengaños sobre las operaciones de aquellos dos generales, y se tomaban las mayores precauciones, para que esas noticias no llegasen a oídos de las tropas estacionadas en Albacete, cuya moral se hallaba muy predispuesta al desmayo”.
 
7.- CONSPIRADORES EN LA PROVINCIA. Espartero había dictado severas instrucciones para impedir el tránsito de pasajeros entre Albacete y Valencia, “de modo que desde Albacete hasta Almansa no pasa alma viviente”. [12]

Joaquín María López en 1843.
Pese a tales medidas, el biógrafo Florez refiere que el significado político antiesparterista Joaquín María López logró pasar disfrazado desde su ciudad natal, Villena, hasta Madrid, pernoctando en Tarazona de la Mancha y evitando la capital albaceteña y otros pueblos de la provincia adictos al gobierno. Joaquín María López había sido efímero Presidente del Consejo de Ministros de España en mayo de aquel año de 1843, cargo del que fue forzado a dimitir por Espartero y en el que sería repuesto transitoriamente a la caída del Regente. En sustitución de López, Espartero había impuesto como Presidente del Consejo de Ministros a su candidato Álvaro Gómez Becerra, quien no consiguió ser aceptado por el Congreso de los Diputados. No en vano, el pronunciamiento contra Espartero se había producido en muchas ciudades al grito del anodino lema “Viva el ministerio López”.

Por cierto, que no podemos dejar de mencionar aquí a otro notable político y hombre de letras que también conspiró en contra del gobierno de Espartero y estaba especialmente vinculado a nuestra provincia por su ascendencia y nacimiento. Efectivamente, nos referimos a Mariano Roca de Togores, quien por peculiares circunstancias había nacido en la misma Casa de Alfaro,  en donde encontró alojamiento el Regente durante sus atribulados días albaceteños.

Capitán de Milicias en 1842.
Ya en una ocasión anterior, hemos reseñado la situación de abatimiento que en 1842 había inspirado al Marqués de Molíns el soneto “Mi patria”, en un contexto personal de fallecimiento de su primera esposa y frustración del levantamiento moderado de 1841, de cuya línea política sentíase partícipe.

Con esta nueva ocasión del pronunciamiento de 1843, Roca de Togores habría de despertar de su melancólico retraimiento, sintiéndose nuevamente atraído hacia la primera línea de la acción política durante la siguiente Década Moderada (1844-54). Así  refiere el biógrafo del Marqués de Molíns la metamorfosis experimentada por el ilustre albaceteño en la coyuntura histórica de la caída de Espartero: “Así, cuando casi toda España se levantó en armas, en 1843, contra la regencia del duque de la Victoria, mediante la coalición de partidos opuestos, el diputado de 1840 [Mariano Roca de Togores] reanimó su abatido espíritu, y abandonando su retiro, se asoció en Murcia á aquel grave acontecimiento político, y hasta llegó á formar parte de la Junta de salvación de Valencia, que así se llamaron las corporaciones que lo dirigieron en las provincias”. [13]

Capitán de Caballería en 1842.
8.- DÍAS DE INACCIÓN EN ALBACETE. El diario satírico “Fray Gerundio” describiría la caótica situación nacional de la época en los siguientes términos: “... en España tenemos ahora dos gobiernos, uno á pié en la corte y otro a caballo en Albacete, además de otros innumerables gobiernillos supremos que hemos establecido recientemente en cada ciudad de cada provincia”. [14]

En efecto, pese a que el rumbo emprendido por su comitiva debía ser Valencia, el Regente decidió instalar su corte ambulante en nuestra ciudad a la espera del resultado de las operaciones militares a cargo de las tropas leales en la zona de Cataluña. Poco tardarían en llegar las funestas noticias de la retirada de las tropas de los generales Zurbano y Seoane, incapaces de controlar la situación en Barcelona. A este contratiempo, habría de añadirse de inmediato la novedad del desembarco en Valencia del general Ramón María Narváez, cabecilla de la sublevación moderada en contra de Espartero. 

Espartero con un brigadier carlista.
Mientras estas noticias se sucedían, Espartero quedó estancado, paralizado en Albacete, incapaz de tomar una resolución decidida en medio del torbellino de adversidades. Esta inopinada inacción causó estupor en la prensa de la época: “Pero de repente la espedición triunfal se detiene y para de todo punto; y llega á Albacete, y de allí no sale, ni se mueve en muchos días; y el general Espartero con todo su prestigio, con todos sus manifiestos no puede arribar á Valencia, porque la tropa le abandona, el pueblo le asedia, la milicia nacional le combate, y en todas partes encuentra enemigos que le salen al encuentro y le cortan el paso; y entretanto ese gran político, ese famoso magistrado, ni avanza de miedo, ni retrocede, de vergüenza, y ahí está clavado, petrificado, sin ejército, sin pueblo, sin el cariño de los españoles leales”.  [15]

Hubo incluso prensa que se lamentaba de que el Regente, refugiado en su “vergonzosa guarida de Albacete”, no hubiera respondido con su acostumbrado vigor: “Qué ha hecho por ventura, bien para atajar la insurrección, bien para intimidarla, sofocándola en un punto? Los boletines de su campaña se han reducido casi á estas palabras: el Regente  continúa en Albacete”‘. [16]

Firma de Espartero en el Convenio de Oñate.
Los historiadores liberales posteriores coincidirían, igualmente, en reprochar a Espartero sus días de inactividad en Albacete, sin optar por avanzar sobre Valencia, retroceder a Madrid, emprender otra vía alternativa...  El biógrafo Florez expresaría así su desconcierto ante la inacción de Espartero: “Pero aquella inexplicable irresolución en que llegó a constituirse el jefe del estado en Albacete, aquella mortal indecisión, tan poco conforme a sus hechos gloriosos como general de los ejércitos, auguraban triste desenlace a tan terrible crisis, y un término fatal a la Regencia”. 

Retrato de Baldomero Espartero.
9.- EL ESTADO DE ÁNIMO DE ESPARTERO. El historiador Pirala interpreta que Espartero debía sentirse abatido y confuso por las numerosas defecciones en sus filas y la fácil retirada de sus generales de confianza. En algún texto de la época, se habla de que el Regente debía hallarse sumido “en una indecisión mortal y en una irresolución inexplicable”. [17]

Asimismo, su biógrafo Florez juzga que “el Conde-Duque parece como rendido en letal postración” y vaticina que “este quietismo (...) es signo présago de ruina y de muerte”.  El mismo autor refiere que a quienes preguntaban al duque de la Victoria por la causa de su inacción, solía responderles alegando que “él sólo era el regente del Reino; que no era el general Espartero; que por lo mismo nada haría sino lo que acordasen sus ministros”. Veamos cuál fue, finalmente, el parecer o consejo de sus ministros en esta delicada coyuntura albaceteña.

Firma de Espartero a bordo del Betis en 1843.
10.- LA MARCHA HACIA EL EXILIO. De acuerdo con Florez,  los únicos ministros presentes en el cuartel del Regente eran los ya mencionados Nogueras y Laserna, quienes, al cabo de unos días, animaron a Espartero a tomar la “fatal resolución” de marchar hacia Sevilla, al refuerzo de las tropas del fiel general Juan Van Halen. Este general estimaba “como obra fácil y segura la pacificación de las Andalucías si le auxiliaban con más fuerzas” y, en respuesta a su solicitud y con el aval de los ministros de su comitiva, Espartero se animó a dejar Albacete el 7 de julio de 1843,  “emprendiendo su postrera y funesta expedición a las provincias del mediodía, cuando todos creían que su rumbo no podría menos de ser hacia Valencia”.

Señala el mismo Florez que otros representantes del gobierno en Madrid, como el Ministro de Hacienda Juan Álvarez Mendizábal, se pronunciaron en contra del proyecto de marcha hacia Andalucía, si bien su dictamen llegó tarde para ser tenido en cuenta. Esta comunicación madrileña manifestaba  una opinión opuesta a la expedición de Andalucía y la inactiva permanencia en Albacete, abogando por que las tropas de Espartero reforzaran las fuerzas de Seoane en las inmediaciones de Valencia. Sin embargo, esta notificación se emitió el día 8 de julio, un día después de que Espartero hubiera emprendido su salida de Albacete.  

Espartero en Londres en 1846.
Según refiere Pirala, cuando se supo que, levantado el campamento de Albacete, el Regente marchaba hacia Andalucía,  Madrid se quedó aterrada: “Se alejaba así el ejército que más confianza inspiraba, de donde más necesaria se creía su presencia, y al saberse en Madrid la marcha desde Albacete á Despeñaperros, se consternó la capital”

Partió, pues, de Albacete Espartero con su militar comitiva en la madrugada del 7 de julio de 1743, arribando en Balazote a las ocho de la mañana de aquel mismo día y planeando continuar su marcha hacia El Bonillo en aquella misma jornada.  [18]

A las puertas de la amotinada capital andaluza, habría de llegar la expedición de Espartero el día 23 de julio. “Tristísima fue la marcha desde Albacete a Sevilla, donde encontraron a Van-Halen asediando la plaza ...”, al decir del Episodio nacional de Galdós. 

El mercante inglés Malabar por William Clark, 1836.
Simultáneamente, los restos del ejército fiel del general Seoane quedaban desbaratados por las tropas del general moderado Narváez en la incruenta Batalla de Torrejón de Ardoz. Enterado de esta derrota, Espartero se apresuró a levantar el sitio de Sevilla y dirigirse hacia la costa de Cádiz. Así, el día 30 de julio, arribó a la bahía gaditana y se puso a salvo a bordo del vapor “Betis”, donde firmaría un Manifiesto de protesta, antes de trasladarse al navío inglés “Malabar” y emprender rumbo a su exilio londinense.

Mientras tanto, volviendo a Albacete, cabe señalar que la normalidad anterior a la visita del Regente fue rápidamente restablecida por las fuerzas moderadas. Así, según el historiador local Sánchez Torres, “al oscurecer del 12 [de julio] entró el Comandante general de la vanguardia del ejército de Valencia don Antonio Buil, y a la una de la madrugada ya estaba otra vez la milicia empuñando sus armas”.  [19]


Ya para aquel entonces, se habrían extinguido en Albacete los últimos ecos del paso de aquella corte ambulante y aquella población de 12.105 habitantes habría vuelto a aplicarse en su más modesta aspiración de dotarse de los servicios e infraestructuras propios de una capital de provincia.

[1] Benito Pérez Galdós, “Bodas reales”, Capítulo IV.
[2] José Segundo Florez, “Espartero: Historia de su vida militar y política”, Tomo IV, 1845.
[3] Antonio Pirala, Historia de la Guerra Civil, Tomo VI, 1869.
[4] Manuel Marliani, La Regencia de D. Baldomero Espartero, 1870.
[5] “El Católico” de Madrid, 7 de julio de 1843 (noticia fechada el 24 de junio).
[6] “El Heraldo” de Madrid, 28 de junio de 1843.
[7] “La Gaceta” de Madrid, 27 de junio de 1843
[8] Francisco Javier Sánchez Torres, “Apuntes para la historia de Albacete”, 1916, página 1676: “El Duque de la Victoria, que llegó aquí el 25 de Junio de 1843 mandó desarmarla por haberse pronunciado, sin tener en .cuenta la adhesión a su persona, pues hay que observar que el grito de nuestros paisanos al secundar el movimiento de 12 de Junio fué «Isabel lI, Constitución de 1837 y Regencia del Duque de la Victoria»”
[9] “El Católico” de Madrid, 7 de julio de 1843 (noticia fechada el 3 de julio).
[10]El Castellano” de Madrid, 25 de junio de 1843.
[11] “Boletín de Noticias de la Posdata”, 6 de julio de 1843 (según nota emitida con fecha de 2 de julio de 1843).
[12] “Boletín de Noticias de la Posdata”, 6 de julio de 1843 (según nota emitida con fecha de 2 de julio de 1843).
[13] Francisco de Cárdenas, “Biografía del Marqués de Molins, académico de número”, 1892, capítulo III.      
[14]Fr. Gerundio: periódico satírico de política y costumbres”, 3 de julio de 1843.
[15] “La Posdata” de Madrid, 1 de julio de 1843.
[16] “El Heraldo” de Madrid, 27 de julio de 1843.
[17] Galería militar contemporánea, Tomo II, Segunda Parte, página 287. Madrid, 1846.
[18] “El Heraldo” de Madrid, 26 de julio de 1843.
[19] Francisco Javier Sánchez Torres, “Apuntes para la historia de Albacete”, 1916, página 167.